
Tengo un anuncio / petición qué hacer:
En tres días es mi cumpleaños y sigo siendo la misma persona despistada, cegatona ymedio pendeja para manejar que he sido toda mi vida... Así que:
¡Putísima madre! Por favor, regálenme una Guía Roji de la Cd. de México o aun mejor... un GPS y acaben con mi sufrimiento de una vez por todas. De todos modos prometo fijarme en las calles y obedecerle al GPS / Guía Roji.
Todo esto va a que hoy tuve otra entrevista de trabajo en un lugar cercano al departamento, con una llegada relativamente fácil y con una complicación simple: Dí vuelta en un lugar equivocado, tomé un retornito y llegué bien aunque tuve que estacionarme en un lugar alejado e irme matando trepada en mis tacones kilométricos, Alias Los Zapatotes.
La entrevista transcurrió como cualquier otra entre las odiosas preguntas de Recursos Humanos - ¿Cómo te ves dentro de 5 años?- (Más delgada, espero) un cuestionario inacabable y dos entrevistas que corroboraron mi idea de que no quiero trabajar allí. Regresábame al coche tratando de no romperme los tobillos con Los Zapatotes y ya tenía una detallada instrucción de cómo llegar a recoger al Vaz a su trabajo para ir a comer.
Fue entonces cuando afloró el complejo de No sé dónde estoy, me puse nerviosa y escuché puras palabras claves:
Universidad
Derecho
Periférico (¡Nooo... Yo odio los periféricos!)
Doble Piso
Desviación
Eje 6
Izquierda
Izquierda
Oficina
Por ahí
Con esa valiosa información en mi cabeza prendí el auto, seguí a los demás autos, se me fué la salida al mentado periférico, comencé una fase incontrolable de apendejamiento, me regresé, seguí los letreros que decían Periférico Pte., llegué a un estúpido lugar donde el periférico se vuelve de dos pisos y va hacia muchos lugares de los que nunca podría regresar y que imagino son como el infierno. Gracias a una pendeja-mamá de camionetota azul que se me cerró no me subí al puente (aunque en mi mapa mental estaba la indicación -súbete al puente-) y seguí por el primer piso del Señor Peje.
En mi mapa mental decía Eje 6, fue entonces que como los caballos decidí seguir derechito hasta encontrar un letrero que dijera justo eso, caminaba... y caminaba... y avanzaba más... y el maldito letrero no aparecía... ¡Eje 6, a Huevo!
Seguí los letreritos, Eje 6, Eje 6, Eje 6... Luego llegué al único lugar que conozco en esta ciudad: Insurgentes Sur y ya de ahí manejé en mi coche-ratón con toda maestría hacia el trabajo del Vaz, previa taquicardia, sudor frío, orejas rojas, temblor incontrolable y uñitas clavadas en el estúpido volante.
Pero llegué...