miércoles, diciembre 17, 2008

De la inocencia

Mis navidades más felices fueron en la infancia, una que recuerdo es la que pasé en aquella casa grande que teníamos donde "el niño Dios" llenó la sala de juguetes para la niña más chica de la casa. Había un juego de cocina, dos muñecas, un costalito de figuras de madera para armar una ciudad, el triciclo Apache color rojo que pedí, varias Barbies con muebles para su casita, dulces, un cubo rubik, una plancha de juguete y muchas cosas más.

Mi papá me ayudaba a armar los juguetes más difíciles y mi mamá los acomodaba junto a los otros, era genial ese día en que llegaban tantas cosas mágicamente aunque pocas veces pude compartirlas. Después llegó mi hermana, a quien hasta la fecha he visto como una niña a pesar de que no lo es; entonces la vida era simple: más navidades y caprichos cumplidos, jugar, ir a la escuela y andar por la vida con toda la inocencia por delante.

A veces se me olvida que ya no somos pequeñas y que si antes teníamos a alguien que se hincara en el suelo a armar los juguetes con nosotros, ahora tenemos a un par de adultos que también se sientan a tratar de armarnos la vida y la inocencia se nos va acabando a cada paso. Me dí cuenta de eso hace unos días en un par de pláticas que todavía no puedo asimilar y me quedé con la sensación de que crecí en un mundito donde se tapa el sol con un dedo, y donde las ideas que he desarrollado hasta hoy, a veces no caben.

lunes, diciembre 01, 2008

Las breves

Y porque es demasiado para contar:

1. Me robaron el celular en la fiesta de Paquito... al pinche ladrón que se lo llevó, que se lo cargue el karma. Por lo pronto ya lo bloquearon (espero), y tengo un bonito teléfono prestado, de esos que salen en las cajas de corn flakes y que ni siquiera tiene texto predictivo, mi prestador de celulares quiere que se lo devuelva YA. Snif... Quiero mi celular.

2. Ya no tomo café por mis constantes dolores de cabeza, no sufro pero sí lo extraño. Sin embargo declárome fan de los tecitos para nenas como el Chai Latte.

3. Fuí a ver a R.E.M. en el Auditorio Nacional, Michael Stipe es un tipazo, y tiene más energía que cualquier otro mocosete que haya visto en el escenario, me emocioné al escuchar the end of the world y The one I love que le canté al muchachito guapo a mi derecha, y claro... todos se desgañitaron cantando Losing my religion, que me recordó mis años púberes... snif. El nuevo disco es buenísimo, escuchen Living Well. Estoy cumpliendo mi auto-promesa de ver a todas las bandas que tengan varias rolas en el soundtrack de mi vida. (Esa noche fuimos a los tacos de un tal Chupacabras... Error, al día siguiente mil bichos colonizaron en mi estómago y me pusieron verde).

4. Fuí al concierto de Oasis, esto merecería un post aparte pero vamos resumiendo:
La arena VFG apesta, es horrible que tengan tan pocos baños cuando uno viene de tomarse dos litros de naranjada, el estacionamiento apesta más (porque tiene olor a estiércol, porque hay una salida que se vuelve un embudo y porque no tienen guías de "estacione su auto aquí"), Noel Gallagher puso su cara 56 de No me merecen y me cayó bien, pero cuando canta me cae mejor, soy fan fan. Por cierto, el charro cuervo y yo nos acabamos la garganta cantando Don't Look Back in Anger y Wonderwall. Personalmente morí de sentimentaloidismo cuando tocaron Songbird y la nueva, I'm outta time. (Te extrañé tanto...)

5. Hoy anduve haciendo un sondeo de hospedaje, ví un hotel por el que había pasado muchas veces, entré a la rampa de estacionamiento y al entrar noté varios módulos tipo motel, pensé: ¿Wooot? ¿En dónde me metí?. Pregunté a un jardinero: Oiga, ¿Esto es un hotel o motel? -Las dos cosas, métase al estacionamiento-... (¿WTF?) Y ni peiper, entré a preguntar y efectivamente el lugar constaba de un bonito edificio frontal con cara de decente que la hacía de hotel con H, pero tenía atrasito su versión motel con M separados tan solo por un pasillo y compartiendo la misma entrada de estacionamiento. Entonces me expliqué porqué había tan pocos huéspedes... la linea entre -vengo a dormir- y -vengo a echarme un palo- era demasiado fina... salí riéndome.

Atorados

Conozco muchas personas que sé (y saben) que están atoradas.
Como esas que aguantan matrimonios infernales por no decepcionar a los hijos, las que quieren a alguien y no lo dicen, las que ya no y tampoco lo dicen, las que saben que se quieren pero tienen miedo de estar juntos, las no correspondidas que siguen esperando... y así.

Son tantas... Se me vino una lista infinita a la mente cuando le ví los ojos iluminados a una de ellas mientras me contaba de un encuentro con un viejo amor, es una historia de esas que te mueven. Ella lo escuchó en la radio, lo contactó y aún no hablándose físicamente surgieron recuerdos, él le dedicó una canción y un libro recién escrito, está solo; Ella no, pero no es felíz... y no quiere serlo.
Casi la ahorco cuando escuché de su miedo a verlo, el miedo a que la quisieran, de la culpa que sentía, del argumento: no, no soy feliz, pero eso es pecado y tengo hijos.

¿Pecado?
Pecado es vivir con alguien y ofenderlo todo el tiempo, arrastrar a otros en la amarguez propia, y lo debería ser callarse cuando se siente amor, no atracción, no deseo... sino amor. O no irse a tiempo a vivir la vida cuando se debe, pecado debe ser no dejar que te vean esa luz en los ojos que yo le ví.